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Historia de las apuestas deportivas
Desde siempre Estados Unidos ha sido un ferviente partidario de los deportes y de las apuestas deportivas que se realizan sobre sus resultados. Los primeros que llegaron al país, desde Inglaterra, tenían una larga tradición heredada de sus antepasados. Formaba parte de su cultura y de la naturaleza de la diversión y el entretenimiento. Pero así y todo, la popularidad actual y el fervor que provocan es mayor que en sus orígenes.
En materia de apuestas deportivas, las carreras de caballos encontraron en su origen la mayor popularidad alrededor de 1900. En este estado inicial las carreras fueron el deporte que divertía a la clase alta. Pero luego de la Guerra Civil las pistas de carreras comenzaron a ver ya a todo tipo de público, proveniente de distintos sectores económicos.
En ese momento, los tomadores de apuestas introdujeron las combinaciones de apuestas pero no tuvieron mucha popularidad, ya que si no figuraban los caballos preferidos, la gente prefería no participar. De esta manera, rápidamente comprendieron que la mejor fórmula era la de la apuesta única a un caballo, que se modificaba según la cantidad de apostadores que ese animal tenía en la carrera. Esta forma de apuesta es la que se utiliza aún hoy en día en las carreras de caballos, aunque ha caído su popularidad gradualmente desde los años ’30.
Para 1920 había ya más de 300 salas de apuesta con cientos de agencias y para facilitar las comunicaciones se conectaban entre sí por medio del telégrafo. Las carreras de caballos fueron la forma más popular de apuestas hasta la llegada de las ligas profesionales de deportes, que capturaron la atención de apostadores de todo el país.
A fines de 1800, el baseball profesional comenzó a ganar popularidad y consecuentemente comenzó la costumbre de apostar a este juego. Las tarjetas de baseball comenzaron a ser corrientes en las áreas urbanas del este. Estas tarjetas ofrecían una gran cantidad de opciones de apuestas deportivas que se podían comprar por solamente 10 centavos. Pero había un problema con estas apuestas: eran demasiado favorables a la casa. No había manera de mejorar las probabilidades. Nadie se preocupó, igualmente, ya que las tarjetas continuaron creciendo en popularidad mientras seguían engrosándose las arcas de las Casas de Apuestas.
Un escándalo de proporciones ocurrió en la Serie Mundial de 1919 y puso en riesgo al juego de baseball profesional. Algunos jugadores del favorito Chicago fueron acusados de haber sido comprados por las apuestas, ya que Chicago perdió ante Cincinnati. El escándalo voló por todo el país y el público recibió una mala impresión de los tomadores de apuestas deportivas, que fueron tratados poco menos que de criminales. Mientras el juego fue ilegal, la mayoría consideró a las apuestas como delitos graves luego de este incidente. Sin embargo, el baseball a nivel nacional no reflejó consecuencias en las apuestas pequeñas, que continuaron creciendo progresivamente.
Cada vez más gente comenzó a interesarse por las apuestas deportivas durante la era de oro de los deportes. Las escuelas de fútbol y de basketball fueron ganando popularidad con las apuestas, como también el box y el baseball siguieron con su éxito ya adquirido. Las tarjetas de apuestas daban una opción muy codiciada de enriquecimiento durante la Gran Depresión. El fútbol comenzó luego a ser más popular que el baseball en el tema de apuestas y se tomaron combinaciones ganadoras de cinco o más juegos con el deseo de conseguir una gran ganancia diaria.