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abril 15th, 2010

Grandes apostadores deportivos en el mundo

Estos personajes han pasado a la historia por su afición al juego. Repasa estas inolvidables anécdotas de algunos de los hombres más poderosos y más hábiles en los juegos de azar y las apuestas.

    Doc Holliday

    John Henry Holliday pasó a la historia más por su amistad con Wyatt Earp, y por su participación en los famosos acontecimientos acaecidos en Tombstone.

      Fue un hombre temerario que gustaba del juego y del alcohol. No temía demostrar con sus actos su valía como hombre, por esto lo consideraron autor de diversos crímenes y se lo llamó asesino y juerguista.

    Nació en Georgia. Sus padres eran una sureña con estirpe y un trabajador de clase media. Su tío John McKey, era un prestigioso cirujano que corrigió un defecto en su paladar y su labio y por este hecho nombraron al bebé John. Cuando adulto, Doc dejó crecer un tupido bigote para ocultar la cicatriz.

      Se recibió de dentista pero tuvo que interrumpir su práctica porque se le declaró tuberculosis. A partir de ese momento su vida dio un vuelco y buscó fortuna en el juego. Rápidamente se volvió adicto al alcohol lo que hizo que pasara sus últimos años postrado. Tenía fama de buen tirador y de buen jugador con los naipes.

      John Montagu

      Se describe a Montagu como un jugador compulsivo y por eso pasó a la historia del juego. La anécdota que se cuenta es que pasaba tanto tiempo (días y noches enteras) sentado en la mesa de juego que olvidaba comer. Cuando el hambre lo asediaba pedía a los sirvientes una rodaja de carne entre dos panes para alimentarse.

        Montagu parece ser el inventor de una de las comidas más gustadas por todos: el simple y delicioso sándwich. El Capitán Cook denominó a las Islas Sándwich en su honor en 1778.

        William Crockford

        Dueño y fundador de la reconocida Casa de Apuestas Crockford, este personaje aspiró siempre a un distinguido estilo de vida. En un comienzo efectuó los trabajos de pescador, estafador y corredor de apuestas.

      Cuando ganó una suma importante edificó lo que primero había sido un sueño: una casa de apuestas para caballeros distinguidos ubicada en una coqueta zona de Londres. En este club los más selectos miembros pasaban las veladas dedicándose al juego.

        Cuando murió Crockford de un ataque de apoplejía su cuerpo fue sentado frente a una ventana de su casa de apuestas para que no saquen de la carrera a su precioso caballo.